Creencia y religión. parte 1.

Publicado: abril 28, 2010 de Rodolfo Falcón en Posteos anteriores. violencia, salud.
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Sólo una reflexión, sin la pretensión de convencer a nadie, en última instancia esa sería una tarea imposible y por lo tanto absurda. tampoco es mi pretensión llegar a una conclusión, a algún tipo de “verdad” pues la dificultad radicaría en, que si hubiera en mi experiencia personal, algún atisbo de verdad, el simple hecho de ponerla en palabras, indefectiblemente la transformaría en una mentira.

Podría intentar comunicar a partir de lo leído, lo histórico conocido, lo mitológico y seguramente habría mucho por decir, pero mi intención es investigar interiormente la raíz de una cuestión y en tanto significados, observar la diferencia semántica existente entre Religión y Creencia. No es generar una respuesta sino que cada uno se formule una pregunta, una mejor pregunta: ¿Existe Dios? ¿Fue quién creo el mundo? ¿Hay vida eterna? ¿Vivió Jesús? y para mi la más relevante: ¿Por qué la necesidad de un dios?.

Podríamos extendernos largamente sobre estas discusiones y por un lado estarían los fieles, quienes harán oídos sordos y se basarán en su experiencia personal de comunión sagrada para defenderse, y por otro lado los cientificistas, que a partir de los datos históricos, las cuestiones comprobadas por la ciencia, (que ciertamente desmienten con suficientes pruebas, gran parte de las sagradas escrituras) sostendrán una postura relativamente inexperta en temas de “comuniones sagradas”. Y en medio de estas posturas, la iglesia, las diferentes iglesias, los dogmatismos, las instituciones, etc.

Olvidándome de todo lo que me han dicho y saliéndome del lugar de sujeto que constantemente intenta explicarse el mundo, podemos llegar a observar la tierra, el sol, la vida, la naturaleza y la muerte. Cada una de las criaturas vivientes es testigo de esto, pero tal vez sea el hombre, hasta ahora, la única especie capaz de formular ideas y de interpretar a través del pensamiento, aquello de lo que es testigo. Todo intermediado por el lenguaje (no el habla, o la comunicación, sino los símbolos organizados que organizan nuestro pensar). Es a partir del lenguaje que el hombre organiza su pensamiento, generando significado y como consecuencia inevitable SENTIDO. El sentido es lenguaje, y el lenguaje es sentido (en este punto tanto las religiones como la ciencia apuntarían a lo mismo, y ambas estarían llegado a la misma conclusión).
El lenguaje, que organiza nuestro pensamiento, interpreta en consecuencia, los fenómenos que llegan a nuestros sentidos. El sentido que le demos depende estrictamente del conjunto de experiencias y conocimientos archivados en la memoria y como consecuencia, al interpretar una realidad, en la traducción a los signos de mi lenguaje hay algo de su cualidad intrínseca que se pierde (sino todos interpretaríamos lo mismo, tanto mahometanos, judíos, cristianos, comunistas, capitalistas, y no habría ningún tipo de discusión sobre nada en lo absoluto). No percibo al fenómeno en sí, sino a partir de mis conocimientos y experiencias, no veo al mundo cómo es sino cómo soy yo.
Sin embargo, la interpretación de esa porción de realidad, para los ojos de la mente y a partir del sistema, es una verdad indiscutida. Y la mente, la única capaz de comprender, toma el lugar de centro de la experiencia. Todo esto constituye el yo. El yo está constituído a partir de estas narraciones, de estas experiencias y de un magma de significados.

La consecuencia de esto, es que existe una realidad, a la cual el yo no puede llegar a conocer, a través de este sistema. Pero esa realidad se manifiesta una y otra vez, en el sinsentido. En aquello que no puede ser significado. La muerte, el vacío. Cuando algunas de estas experiencias interceden en el sistema de nuestro pensamiento, aparece el miedo y la angustia.
La realidad es demasiado vasta para poder significarla o comprenderla. Somos una partecita muy pequeñita en un universo demasiado inmenso y si tuviéramos la posibilidad de mirarnos en escala, seguramente, la realidad intercedería también en nuestro pensar y nos daría inseguridad, miedo, angustia. La vida es constante cambio, inasible, impermanencia, incoherencia y todo eso para la fabricada estructura de la mente, para el organizado yo, todo eso es perturbador, generador de inseguridad. La finitud del yo, de esta instancia que de alguna manera se colocó en el centro del universo (cada uno para si mismo), es una percepción atemorizante.
Si alguna conclusión he de sacar de esta pequeña observación interna, es que la religión, como la ciencia misma, es un intento de darle sentido a la existencia, de dar una idea de permanencia, de respaldo, de seguridad, de explicación. “La vida es de sufrimiento porque espera la vida eterna en la plenitud.”.
La ciencia a través de fórmulas matemáticas, intenta explicarnos el sentido del universo, aunque lamentable o afortunadamente, están llegando a la conclusión del sinsentido del universo: Empresa ridícula pues el sentido es una invención meramente humana.

Entonces, todos los sistemas de creencias, todas las religiones, que aparecen intentando revelarnos una verdad, con la finalidad de dogmatizarnos de tal manera que consigamos la bendición necesaria para poder vivir plenamente en el más allá, fallan desde la misma concepción de su formación. Una verdad no puede ser transmitida, sólo experimentada. Sólo desde la no mente uno puede tener contacto con la realidad. Sólo sin interpretar. Sólo sin el pensamiento y el juicio uno puede conectar con ello.
Y si así lo hiciere, si pudiere captar la esencia, tal vez vería toda la existencia como la manifestación de la misma energía. Y un sentimiento profundamente religioso podría emanar de ello.
Particularmente, una sensación de comunión con la vida (y con la muerte indistintamente) puede aparecer, una comunión que lleve a tratar a cada manifestación de la vida, como a ti mismo. Una comunión que celebre el milagro de la existencia, y que sea capaz de observar la inmensa paz reinante en el universo, y lo turbio del mundo humano.

Religión podría ser considerado como un volver a ligar al humano con la naturaleza, una ligazón que se perdió con la formación del yo. Una re- ligazón que hará trascender la animalidad, y la humanidad, para volverlo parte del todo.
Cuando a partir de esta comunión, uno vuelve a los textos, a las manifestaciones de Jesús, buda, o quién sea, uno puede encontrar atisbos de estas manifestaciones. Pero uno sólo puede llegar a comprenderlas a través de la experiencia y no del conocimiento, no de la creencia, no por suponer que ese cuentito es verdad. Por leer sobre el amor no se puede saber del amor. Por leer sobre la muerte no se puede saber de la muerte, por leer sobre la verdad no se puede saber sobre la verdad. Sólo la experiencia sin juicio de la mente es la única capaz de manifestarse.

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