Los hijos del siglo XXI

Publicado: enero 17, 2014 de Rodolfo Falcón en Posteos anteriores. violencia, salud.
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un nene mirando a la nadaQuien me conoce, profesionalmente hablando, sabe que no trabajo con chicos, o no suelo hacerlo. Y no es que esté en contra de la terapia infantil o la psicopedagogía, porque reconozco que hoy en día hay particulares necesidades que requieren ser atendidas. Pero veo dos tendencias peligrosas, una es la de patologizar la conducta (etiquetar y establecer patologías en todas ellas), y la otra es la de desligarse de las responsabilidades (no asumir los roles y los lugares que a cada uno nos corresponde dentro de las instituciones, familia, escuela, etc).
Los problemas de los chicos, mayoritariamente se deben a las contradicciones en las que vivimos los adultos. Contradicciones producto de una cultura y de una coyuntura en la que se define la posmodernidad.
Cada generación al tener un hijo necesita adaptarse a cierto movimiento cultural diferente al que existía cuando ese padre era niño. Espacios, artes y maneras de entender la vida diferente. Pero nunca como ahora esos cambios fueron tan veloces y sustanciales. En los últimos cincuenta años la modificación cultural, social, ideológica sumió a las generaciones de padres actuales en situaciones muy confusas.

¿De qué hablamos cuando hablamos de posmodernidad?

Al hablar de posmodernidad, hablamos de una conjunción de diferentes aspectos que terminan definiendo no sólo nuestra realidad, sino nuestra identidad y nuestra psicología. Las nuevas tecnologías, las nuevas maneras de producción (economía), y el replanteo filosófico existencial  configuran una manera de estar en el mundo, sustancialmente diferente a lo que era cien años atrás, cincuenta o incluso veinte.
No voy a profundizar demasiado, sólo puntualizar algunos aspectos:

En este sentido podríamos decir que se ha pasado de una economía del ahorro a una economía del consumo y esto genera dos efectos profundos: por un lado la dificultad de pensar a largo plazo y por otro la asociación del consumo con la identidad, es decir que somos (ciudadanos, personas) en la medida en que consumismos y si no consumimos no somos o lo que es lo mismo, no pertenecemos.
La idea de Progreso cambia, porque progresamos sólo si logramos tener cinco televisores led en la casa, y sino, “algo estamos haciendo mal”.
un cristo posmoderno

Se han vaciado las ideologías y creencias. Los líderes o modelos a seguir cada vez tienen una duración más corta y su fugacidad depende de la próxima novedad. Las ideologías son cuestionadas y las creencias desechadas.

La variedad de colores y aspectos, las diferentes culturas y estilos y el acceso a toda esa información de manera instantánea nos lleva a cuestionarnos nuestros principios identitarios, así como cuestionar nuestros propios argumentos. ¿Estaremos en lo correcto? ¿habremos hecho la mejor elección? Frente a la inseguridad buscamos información sobre todos los pormenores de la convivencia con un niño y esta información llega de manera arbitraria, confusa y masiva (depende de las subjetividades) logrando hacer que dudemos de nuestras convicciones originales.

La inmediatez se establece como principio, no sólo de la información o de la comunicación, sino también en lo referente a la saciedad de los deseos, lo que se traduce en una gran dificultad de tolerar la espera o la frustración; todo es ya, todo es ahora.
Desaparece el sentido a largo plazo y con ello la posibilidad de proyección grupal, familiar o social; el sentido queda reducido a un presente y en todo caso a la realización de una máxima, de ser “el mejor” (el sueño americano), en algo, pero no refiere a un proceso de vida. “No tiene sentido mirar hacia el futuro”; no ahorre hoy para comprar mañana, compre hoy y pague toda la vida.

La virtualidad con su devastador efecto en nuestra psicología comunicacional. Porque las palabras son sólo el 10% de nuestra comunicación, cuando reducimos nuestra comunicación a las palabras escritas, a ese cinco por ciento lo reducimos a un 5% entonces estamos más tiempo comunicados, pero en una calidad mucho menor.

Entonces, ¿cómo creen que afectan todas estas cuestiones a la hora de criar a nuestros hijos?

Sin dudas reproducimos en nuestra educar todas las contradicciones que tenemos y convergen en lo que hablamos de la posmodernidad. Los hijos, que son especialistas en darse cuenta de nuestras inseguridades, de nuestras dudas, pueden enganchar en esas falencias y desarrollar una conducta vinculada con el sufrimiento, o inapropiada.

*Consumo y progreso: A conciencia, hemos perdido el rumbo claro de hacia donde queremos ir; escucho a menudo decir que uno quiere que su hijo sea feliz, pero nunca hemos aprendido a serlo, y estamos muchas veces creyendo que la manera de serlo es a través del tener. Es decir, puede que tratemos de dar un mensaje diciendo que lo importante no radica en lo que uno tiene, pero trabajamos veinte horas cada uno (padre y madre, algo muy actual) y no tenemos el tiempo para sentarnos pacientemente durante una hora al lado de él para poder acompañar su crecimiento.
un niño cableado*Inmediatez y virtualidad: Los divertimentos pasan exclusivamente por los juegos en red, la tablet o la play. De esta manera los padres disfrutan de la tranquilidad presente y la venden por dificultades futuras.
Pero… En tanto y en cuanto tengamos al chico cableado a la satisfacción inmediata hipnótica y paralizante de la tecnología moderna, no estará desarrollando en él, las capacidades vinculadas a la imaginación y la inventiva. Desarrollará algún tipo de inteligencia, pero no la que le posibilitaría pensarse a si mismo en el futuro. La satisfacción queda enraizada en el ahora y las dificultades de la proyección se traducen en no encontrarle un sentido a largo plazo a la vida

*Ideologías y creencias: Criticamos las entidades educativas y justificamos el comportamiento del niño cuando se porta mal. No respetamos las decisiones o las miradas institucionales y de esa manera le vaciamos la capacidad a las mismas para poder ayudarnos en el proceso de educar, borrando la estructura que intentan imponer para ordenar. De la misma manera las instituciones tampoco respetan el lugar de los padres, pero de alguna manera se ha roto el vínculo y la complicidad entre padres y colegios a la hora de educar y uno va invalidando al otro generando más contradicciones.

* Variedad: La variedad de modos y maneras de afrontar una situación, el exceso de información, y lo vacío de contenido en los fundamentos que nos guían nos llevan a dudar de si estaremos haciendo bien o si nos estaremos equivocando en la manera de criar. Es un poco el “frenesí google”, todo se puede buscar y la información instantáneamente llega. Pero la variedad genera también indecisión, inseguridad y la dificultad de saber si la opción que estoy eligiendo es la correcta.
Nosotros mismos también vivimos en el frenesí de lo instantáneo y somos incapaces de tolerar que nuestro hijo no tenga algo resuelto y se frustre, por eso intentamos dejarle todo resuelto y que no tenga “necesidades”. Pero en la medida que actuamos así, estamos invalidando sus propias capacidades para hacer y desarrollarse.

Conclusión.

No todo lo posmoderno es malo, y no creo que sea cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Recuerdo ser un chico que jugaba mucho, que generaba e inventaba muchos juegos, y en algún punto hoy sigo jugando de esta manera. Tampoco la crianza de mi viejo fue mejor que la que se pueda impartir hoy. Pero estaría bueno reflexionar qué aspectos sí pueden ser valorizados de esas épocas.
Considero a dos como los más significativos: La presencia, y la estructura. Presencia en tanto y en cuanto es uno de los aspectos que se fue perdiendo, en esta loca aventura del “buen vivir” y de las comodidades de la modernidad. Perdimos el contacto con el niño, en el juego y en su educación. Está todo el día en el colegio, un poco del tiempo en el psicólogo, si hace falta al fonoaudiólogo, y cuando está en casa, un poco de play para acallarlo.
Tal vez lo que esté necesitando es nuestra presencia, más activa y más acompañante.

Estructura; porque la posmodernidad barrió con las estructuras y eso generó mucho desorden. No sabemos qué es lo mejor, pero tenemos que elegir, y armar una estructura, acordar entre los padres y llevarlo a un colegio con el cual comulguemos en la manera en que educa, respetando los lugares que cada uno tiene y ejerciendo la autoridad sin dudar. No etiquetemos, ni temamos que algo malo pueda pasar y no intentemos resolverles la vida, hagamos que se esfuercen, que esperen, que se frustren y que puedan encontrar sentido, pero para ello, nosotros tenemos que hacer lo mismo, tenemos que vivir lo mismo. Si nosotros no podemos evitar la ansiedad de responder un mensaje instantáneamente, no pretendamos que él si pueda. Educar con el ejemplo, esa es nuestra responsabilidad.

No quiero terminar elaborando un posteo de tips para la educación, me interesa más que cada uno reflexione y no lo tome al pasar sino que lo lleve a su vida, y que evite ese razonamiento de “eso a mi no me pasa” porque nos pasa a todos, porque de alguna forma todos vivimos en esta posmodernidad y estamos atravesados por las mismas hebras esenciales.

Lic. Rodolfo Falcón
Lic Rodolfo Falcon.  M.N. 40467
 
Mi nombre es Rodolfo Falcón, soy psicólogo y trabajo en capital federal, caballito. Administro de esta página web, así que espero que estés disfrutando tu estadía y que sigas visitando este portal asiduamente. Puedes visitar mi página de facebook, hacerte fan y tener una comunicación más fluida conmigo, haciéndome consultas, o puedes suscribirte por email para enterarte en tu casilla el resumen

 

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