un nene mirando a la nadaQuien me conoce, profesionalmente hablando, sabe que no trabajo con chicos, o no suelo hacerlo. Y no es que esté en contra de la terapia infantil o la psicopedagogía, porque reconozco que hoy en día hay particulares necesidades que requieren ser atendidas. Pero veo dos tendencias peligrosas, una es la de patologizar la conducta (etiquetar y establecer patologías en todas ellas), y la otra es la de desligarse de las responsabilidades (no asumir los roles y los lugares que a cada uno nos corresponde dentro de las instituciones, familia, escuela, etc).
Los problemas de los chicos, mayoritariamente se deben a las contradicciones en las que vivimos los adultos. Contradicciones producto de una cultura y de una coyuntura en la que se define la posmodernidad.
Cada generación al tener un hijo necesita adaptarse a cierto movimiento cultural diferente al que existía cuando ese padre era niño. Espacios, artes y maneras de entender la vida diferente. Pero nunca como ahora esos cambios fueron tan veloces y sustanciales. En los últimos cincuenta años la modificación cultural, social, ideológica sumió a las generaciones de padres actuales en situaciones muy confusas.

¿De qué hablamos cuando hablamos de posmodernidad?

Al hablar de posmodernidad, hablamos de una conjunción de diferentes aspectos que terminan definiendo no sólo nuestra realidad, sino nuestra identidad y nuestra psicología. Las nuevas tecnologías, las nuevas maneras de producción (economía), y el replanteo filosófico existencial  configuran una manera de estar en el mundo, sustancialmente diferente a lo que era cien años atrás, cincuenta o incluso veinte.
No voy a profundizar demasiado, sólo puntualizar algunos aspectos:

En este sentido podríamos decir que se ha pasado de una economía del ahorro a una economía del consumo y esto genera dos efectos profundos: por un lado la dificultad de pensar a largo plazo y por otro la asociación del consumo con la identidad, es decir que somos (ciudadanos, personas) en la medida en que consumismos y si no consumimos no somos o lo que es lo mismo, no pertenecemos.
La idea de Progreso cambia, porque progresamos sólo si logramos tener cinco televisores led en la casa, y sino, “algo estamos haciendo mal”.
un cristo posmoderno

Se han vaciado las ideologías y creencias. Los líderes o modelos a seguir cada vez tienen una duración más corta y su fugacidad depende de la próxima novedad. Las ideologías son cuestionadas y las creencias desechadas.

La variedad de colores y aspectos, las diferentes culturas y estilos y el acceso a toda esa información de manera instantánea nos lleva a cuestionarnos nuestros principios identitarios, así como cuestionar nuestros propios argumentos. ¿Estaremos en lo correcto? ¿habremos hecho la mejor elección? Frente a la inseguridad buscamos información sobre todos los pormenores de la convivencia con un niño y esta información llega de manera arbitraria, confusa y masiva (depende de las subjetividades) logrando hacer que dudemos de nuestras convicciones originales.

La inmediatez se establece como principio, no sólo de la información o de la comunicación, sino también en lo referente a la saciedad de los deseos, lo que se traduce en una gran dificultad de tolerar la espera o la frustración; todo es ya, todo es ahora.
Desaparece el sentido a largo plazo y con ello la posibilidad de proyección grupal, familiar o social; el sentido queda reducido a un presente y en todo caso a la realización de una máxima, de ser “el mejor” (el sueño americano), en algo, pero no refiere a un proceso de vida. “No tiene sentido mirar hacia el futuro”; no ahorre hoy para comprar mañana, compre hoy y pague toda la vida.

La virtualidad con su devastador efecto en nuestra psicología comunicacional. Porque las palabras son sólo el 10% de nuestra comunicación, cuando reducimos nuestra comunicación a las palabras escritas, a ese cinco por ciento lo reducimos a un 5% entonces estamos más tiempo comunicados, pero en una calidad mucho menor.

Entonces, ¿cómo creen que afectan todas estas cuestiones a la hora de criar a nuestros hijos?

Sin dudas reproducimos en nuestra educar todas las contradicciones que tenemos y convergen en lo que hablamos de la posmodernidad. Los hijos, que son especialistas en darse cuenta de nuestras inseguridades, de nuestras dudas, pueden enganchar en esas falencias y desarrollar una conducta vinculada con el sufrimiento, o inapropiada.

*Consumo y progreso: A conciencia, hemos perdido el rumbo claro de hacia donde queremos ir; escucho a menudo decir que uno quiere que su hijo sea feliz, pero nunca hemos aprendido a serlo, y estamos muchas veces creyendo que la manera de serlo es a través del tener. Es decir, puede que tratemos de dar un mensaje diciendo que lo importante no radica en lo que uno tiene, pero trabajamos veinte horas cada uno (padre y madre, algo muy actual) y no tenemos el tiempo para sentarnos pacientemente durante una hora al lado de él para poder acompañar su crecimiento.
un niño cableado*Inmediatez y virtualidad: Los divertimentos pasan exclusivamente por los juegos en red, la tablet o la play. De esta manera los padres disfrutan de la tranquilidad presente y la venden por dificultades futuras.
Pero… En tanto y en cuanto tengamos al chico cableado a la satisfacción inmediata hipnótica y paralizante de la tecnología moderna, no estará desarrollando en él, las capacidades vinculadas a la imaginación y la inventiva. Desarrollará algún tipo de inteligencia, pero no la que le posibilitaría pensarse a si mismo en el futuro. La satisfacción queda enraizada en el ahora y las dificultades de la proyección se traducen en no encontrarle un sentido a largo plazo a la vida

*Ideologías y creencias: Criticamos las entidades educativas y justificamos el comportamiento del niño cuando se porta mal. No respetamos las decisiones o las miradas institucionales y de esa manera le vaciamos la capacidad a las mismas para poder ayudarnos en el proceso de educar, borrando la estructura que intentan imponer para ordenar. De la misma manera las instituciones tampoco respetan el lugar de los padres, pero de alguna manera se ha roto el vínculo y la complicidad entre padres y colegios a la hora de educar y uno va invalidando al otro generando más contradicciones.

* Variedad: La variedad de modos y maneras de afrontar una situación, el exceso de información, y lo vacío de contenido en los fundamentos que nos guían nos llevan a dudar de si estaremos haciendo bien o si nos estaremos equivocando en la manera de criar. Es un poco el “frenesí google”, todo se puede buscar y la información instantáneamente llega. Pero la variedad genera también indecisión, inseguridad y la dificultad de saber si la opción que estoy eligiendo es la correcta.
Nosotros mismos también vivimos en el frenesí de lo instantáneo y somos incapaces de tolerar que nuestro hijo no tenga algo resuelto y se frustre, por eso intentamos dejarle todo resuelto y que no tenga “necesidades”. Pero en la medida que actuamos así, estamos invalidando sus propias capacidades para hacer y desarrollarse.

Conclusión.

No todo lo posmoderno es malo, y no creo que sea cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Recuerdo ser un chico que jugaba mucho, que generaba e inventaba muchos juegos, y en algún punto hoy sigo jugando de esta manera. Tampoco la crianza de mi viejo fue mejor que la que se pueda impartir hoy. Pero estaría bueno reflexionar qué aspectos sí pueden ser valorizados de esas épocas.
Considero a dos como los más significativos: La presencia, y la estructura. Presencia en tanto y en cuanto es uno de los aspectos que se fue perdiendo, en esta loca aventura del “buen vivir” y de las comodidades de la modernidad. Perdimos el contacto con el niño, en el juego y en su educación. Está todo el día en el colegio, un poco del tiempo en el psicólogo, si hace falta al fonoaudiólogo, y cuando está en casa, un poco de play para acallarlo.
Tal vez lo que esté necesitando es nuestra presencia, más activa y más acompañante.

Estructura; porque la posmodernidad barrió con las estructuras y eso generó mucho desorden. No sabemos qué es lo mejor, pero tenemos que elegir, y armar una estructura, acordar entre los padres y llevarlo a un colegio con el cual comulguemos en la manera en que educa, respetando los lugares que cada uno tiene y ejerciendo la autoridad sin dudar. No etiquetemos, ni temamos que algo malo pueda pasar y no intentemos resolverles la vida, hagamos que se esfuercen, que esperen, que se frustren y que puedan encontrar sentido, pero para ello, nosotros tenemos que hacer lo mismo, tenemos que vivir lo mismo. Si nosotros no podemos evitar la ansiedad de responder un mensaje instantáneamente, no pretendamos que él si pueda. Educar con el ejemplo, esa es nuestra responsabilidad.

No quiero terminar elaborando un posteo de tips para la educación, me interesa más que cada uno reflexione y no lo tome al pasar sino que lo lleve a su vida, y que evite ese razonamiento de “eso a mi no me pasa” porque nos pasa a todos, porque de alguna forma todos vivimos en esta posmodernidad y estamos atravesados por las mismas hebras esenciales.

Lic. Rodolfo Falcón
Lic Rodolfo Falcon.  M.N. 40467
 
Mi nombre es Rodolfo Falcón, soy psicólogo y trabajo en capital federal, caballito. Administro de esta página web, así que espero que estés disfrutando tu estadía y que sigas visitando este portal asiduamente. Puedes visitar mi página de facebook, hacerte fan y tener una comunicación más fluida conmigo, haciéndome consultas, o puedes suscribirte por email para enterarte en tu casilla el resumen

 

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¿Tengo que resignarme a esta vida, a este trabajo ingrato, a este sueldo? ¿Acaso no tengo derecho a soñar en grande?

Vivimos resignándonos, con todo aquello que no nos gusta de nuestras vidas. Miramos noticieros que nos muestran la triste
realidad de lo que nos pasa como sociedad. Y a la vez en nuestras propias vidas tenemos un sin número de cosas que no logramos disfrutar. Nuestro trabajo, el viaje a casa, hacer las compras o la convivencia. Hasta el clima es fuente de malestares: “Con estos días es difícil sentirse bien!” me comentaba alguien el otro día.


Vivimos con la sensación de la resignación. Y la resignación, que según la RAE es tolerancia y paciencia a las adversidades, tiene un matiz muy negativo. En su concepción hay culpa, desdén, abandono. En parte implica abandonar un ideal, un objetivo. Implica una lucha interna con respecto a lo que uno quisiera y quedarse donde uno está de la manera que está. Entonces, en la medida en que refleja esa lucha, no se siente bien.
A veces para no sentir culpa, actuamos, hacemos algo; entonces buscamos un trabajo mejor remunerado, o nos tomamos el colectivo para no lidiar con el tránsito, nos ponemos los auriculares para escuchar música relajante o jugamos al Candy crush en el celular mientras esperamos en la cola del súper. Entonces sentimos que lidiamos con las irregularidades que el ambiente nos propone y que estamos haciendo algo para no sentirnos mal. Pero siempre presentamos una lucha. Una lucha externa, y una lucha interna. Una lucha externa que se manifiesta en la intención de cambiar, a como dé lugar, de situación, y una lucha interna que no termina de aceptar que yo estoy en la situación que estoy.

Básicamente consiste en valorar más la idea de lo que sería mejor, que la visión de lo que tengo o es; consiste en mirar mi realidad desde la idea de lo que yo quisiera, desearía o pienso que tendría que ser y de esta manera catalogar negativamente el presente.

La resignación entonces, esa que nos acompaña a diario, es una cualidad desdeñable, negativa, austera. Es la imposibilidad de conectar sanamente con lo que tengo, y es el apego por aquello ideal, que me falta.
La aceptación es una cualidad completamente diferente. Principalmente porque expresa la voluntad hacia el presente de la manera que este es, propone la conexión con el ahora, con lo que está, con lo existente. Propone ver eso, y aceptar eso como lo mejor para este momento, lo mejor y lo único. Implica darle una importancia mayor que a cualquier otra opción ideal o imaginada. Implica un abandonar parcialmente ideales y proyecciones, fantasías o miedos. Implica una relajación en lo que está y un desapego por lo que falta.
Aceptar no es dejar o abandonar los objetivos; no es no tener una mirada a futuro y no es dejar de querer un futuro mejor. Es hacer que todo eso, ideal, tenga menos peso en mi configuración interna de la realidad actual.  Generalmente se cree que por querer algo distinto las cosas van a cambiar: Enfermo y entonces quiero no estar enfermo, y entonces rechazo mi enfermedad. Este mecanismo no sólo  no me permite comprender a la enfermedad como lo único, mejor y necesario de ese momento, sino que además, me genera la falsa ilusión de que deseando otra cosa voy a estar mejor. Pero las consecuencias de estar más apegado a mi deseo, más desconectado con mi realidad, no me permite poder conectar con ella y fluir. Sólo agradeciendo y estando en una completa paz con lo que tengo y lo que soy, voy a poder encaminarme hacia algo mejor. Y en esta idea, hasta el “secreto” acuerda.

Aceptar es dejar de pelearse con el pasado, con lo que no se obtuvo o lo que no me dieron. Con cómo me afectaron o con que no me quisieron y entender que todo eso estuvo bien en la medida que fue. Es entender que todo eso facilitó mucho de lo que soy y de lo que aprendí. Aceptación es la integración de mi pasado, y de mi presente, e incluso de mi futuro.  No tiene que ver con ninguna lucha, ni con un conflicto, y no tiene que ver con abandonar un ideal, porque el ideal está en un segundo plano, en el futuro.

Por esto me gustaría terminar con la pregunta: ¿Qué no estás aceptando en este momento de tu realidad?
Si contestas esta pregunta, seguro estarás encontrando el motivo de tu sufrimiento.

Lic Rodolfo Falcon.  M.N. 40467
Rodolfo FalcónMi nombre es Rodolfo Falcón, soy psicólogo y administrador de esta página web. Espero que estés disfrutando tu estadía y que sigas visitándo este portal asiduamente. Puedes visitar mi página de facebook, hacerte fan y tener una comunicación más fluida conmigo, haciéndome consultas, o puedes suscribirte 

¿Qué es la paz?

Todos queremos paz. Pero… ¿qué es la paz? ¿por qué a pesar de tantos intentos, durante toda la existencia humana, no se ha logrado vivir en paz?No estamos hablando sólo de las guerras que se produjeron durante algún momento de la historia en diferentes regiones del mundo, sino de la sensación de inseguridad y de conmoción interna que se vive en cada país del mundo, en cada cultura, en cada sociedad y también en cada uno de nosotros, con nuestros seres queridos, nuestras actividades y nuestros trabajos.

Vivimos en familia, y quisiéramos que haya paz entre nosotros, incluso en nuestro día a día, buscamos un momento de paz.
No es algo que atañe sólo a políticos o países, es algo que está presente en cada pequeño sector de nuestra humanidad.

La pretendemos, aún sin saber qué es.
[templos_orientais.jpg]La paz es y siempre ha sido un cliché, un destino, una idea, un objetivo que se ha perseguido de muchas formas. Las religiones pretenden que seamos buenos, y de esa forma haya paz. Hasta los Estados gubernamentales totalitarios buscaron con herramientas mucho más cuestionables y menos legitimadas, que la paz se instale. Por coacción, o inducción, por influencia, o por indicación, siempre el objetivo fue la paz. Siempre se ha repetido incesantemente que debería haber paz.


Cuando miramos una imagen de un templo alejado, cuando miramos a un buda, o cuando observamos el equilibrio de las rocas en un lago, relacionamos esa imagen con la paz. Con la paz interior, con el equilibrio. Pero ésta idea, ¿de dónde surge?
buda en pazBuscamos la paz como si fuera algo que se consigue a través de una disciplina o con ciertas leyes, que hay que ir a buscarla a algún lado en particular o comprarla en el supermercado, que se encuentra en la lejanía, o en el aislamiento. O bien por el contrario, creemos conseguir la paz luchando; luchando contra lo que nos la quita. Y entonces somos entonces violentos con lo diferente, con lo que altera nuestra tranquilidad y nuestra seguridad; con los inmigrantes por ejemplo, o con los delincuentes, o con cualquier cosa que asumamos como peligrosa. Así, nuevamente, entramos en un conflicto. ¿Se puede conseguir la paz por medio de la lucha?; ¿Por medio de la búsqueda? ¿por medio de ciertas reglas morales?

Reflexión

La pregunta retumba en mi interior. ¿Dónde está la paz? ¿dónde no está la paz? ¿Acaso no hay paz cuando la acción humana está ausente? Cuando vemos a la naturaleza manifestarse, aún viendo animales comiéndose a otro animal, uno percibe algo diferente, uno ve que eso es lo que es, y no hay ahí falta de paz. Cuando vemos un árbol que permanece debajo de la lluvia torrencial, aún ahí, vemos una paz perfecta.

La falta de paz surge de nuestra propia mente, de nuestra propia confusión. De esa inseguridad interpretada por la mente y su consecuente necesidad de suprimirla. De la sensación de estar separado del resto, de ser entes individuales separados de todo lo demás, y de entender al otro como un peligro. De la mente que se mueve al futuro y al pasado; y de la intención de cada uno de nosotros de buscar su propia y personal seguridad.

confusión mentalLa falta de paz surge de nuestra mente anticipatoria, de nuestra ilusión de peligro. De nuestro propio ego, de la ambición, el orgullo, y la necesidad de amparo.

No es cuestión de ir a buscar la paz. Ni pensar en la paz como algo a conseguir. No meditamos para encontrar paz, ni creemos en dios para ser más buenos. Lo hacemos para encontrar en nuestro interior las respuestas, respuestas a mi ambición, a mi necesidad de seguridad, a mi falta de compasión. Es preciso entender el funcionamiento de nuestro propio ego, para comprender que la paz no es algo que se encuentra, o se logra; es algo que está por detrás del movimiento de nuestra mente.

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40 años de redundancia.

La única razón por la cual nosotros seguimos vivos, al igual que otras millones de especies, es porque la naturaleza encontró la manera de reproducirse. Y para ello no hace falta inteligencia.
Todas las especies tienen un sistema de reproducción que permite su perpetuación.
En este marco, ¿Cuál es el sentido de la vida?

hombres prehistoricos

El paso evolutivo anterior al hombre tal cual lo conocemos hoy, no vivía en promedio, más de cuarenta años. Lo que se esperaba de él era que en ese período de tiempo lograra tener alguna descendencia, en realidad más de una, porque las dificultades de que esa cría tuviera éxito y viviera era mucho menor que ahora.
Por lo tanto su vida consistía básicamente en eso, a los cuarenta ya era un anciano esperando la muerte. A los veinte ya era padre o procuraba serlo cuanto antes.
Hoy en día tenemos cuarenta años más de esperanza de vida… cuarenta años de redundancia. A los cuarenta estamos en la mitad de la vida y a no ser que hayamos elegido muy bien podemos estar atravesando uno de los momentos más difíciles. La crisis de los cuarenta, la menopausia, la andropausia, y otras tantas definiciones que pululan por ahí y hacen referencia a este período vital, sólo marcan el punto de inflexión que genera. La mujer va, paulatinamente, perdiendo la posibilidad de la descendencia y si bien el hombre se mantiene con las posibilidades, hay fuertes transformaciones internas.

El sentido de la vida.

Podría decirse que hoy en día se extiende un poco más este período reproductivo. Al menos en las grandes ciudades, hay una tendencia a tener hijos de más grandes, tal vez a los 30 o 35 de la mujer, lo que lleva a pensar que esta misma crisis puede avecinarse a los cincuenta años.
Pero ¿qué pasa cuando el sentido de la vida ya no está “determinado” (de hecho nunca lo está) por la condición biológica?; ‘.¿Cuál es el sentido de la vida?

carteles de pregunta.Bueno, a mi manera de ver y a riesgo de equivocarme, puedo decir que no lo hay. No hay tal cosa como un SENTIDO de la vida. No existe, no lo busques, no está, no lo vas a encontrar.
El sentido es un INVENTO humano, es una invención del pensamiento, es un efecto de nuestro cerebro, el cual está acostumbrado a buscar redundancias, repeticiones, y a partir de ellas, inventar sentidos para cada cosa.
¿Cuál es el sentido de un árbol? ¿Qué piensa el perro sobre el sentido de correr por el parque?. Bueno, la verdad es esa, no lo hay. Nosotros buscamos o mejor dicho, inventamos un sentido. Entonces decimos que vivimos para purificarnos, o vivimos para ser felices, o vivimos para purgar pecados de vidas pasadas.
Tal vez así sea, pero por lo que a mi respecta, no veo un sentido con más poder que otro.
Pero sí tenemos predisponentes biológicos que nos influyen para tomar determinadas decisiones. Somos seres biologicamente gregarios, y esto quiere decir que buscamos pertenecer a un grupo, a un clan, a una familia, etc. Somos seres con un cerebro cuya función (entre otras) es la de atribuir sentidos y esto quiere decir que entendemos porque se dan ciertas repeticiones y explicamos el mundo que nos rodea. Somos seres de la naturaleza y esto nos predispone a la perpetuación, al sexo, a la descendencia.
Un predisponente no es una determinación y mucho menos un generador de sentidos.

Hay un aliciente de la búsqueda de sentido cuando repetimos lo pautado, tenemos una familia, nos casamos, tenemos hijos, los criamos, tenemos plata porque trabajamos… Pero qué pasa cuando esto ya no es necesario, cuando no hay familia, ni casamiento, ni hijos y tampoco un interés real por e dinero. Ahí es dónde empieza a pesar la falta de sentido.

El sentido es el que vos elijas.

Pensalo un momento. La decisión es tuya. Cuando te das cuenta que no hay ataduras, que no debés nada a nadie, que si abandonas los miedos estás libre, entonces sabés que la vida puede tener el sentido que vos elijas y esa es una decisión ética. ¿Qué preferís? ¿Con qué fluís? ¿Qué te hace vibrar desde las entrañas?
Cuando encontrás esas respuestas, entonces conectas con algo, ligas con algo mucho más profundo que el sentido mismo. No ya con el sentido biológico, sino con el propio.

Entonces podríamos enumerar tres estados claramente diferenciados:

Uno es el avistamiento del sin sentido, acompañado de angustias, miedos, dolor, tristeza, y la lucha interna por aceptar lo que es. Este es el dolor del depresivo, quien frente al vacío ve tristeza y angustia. O el miedo del temeroso que no avanza. Es el trabajo del obsesivo por distraerse. Es la mala relación con la soledad.

dos abuelos amandoseEl siguiente es el sentido que yo elijo que tenga, si es que el sentido se lo da mi trabajo, o mi relación de pareja, o mi disciplina artística, o el ser feliz; Muchas veces esto no es algo consciente, sino que es espontáneo, me encuentro feliz y fluyo con lo que hago, con lo que es mi vida. Entonces esa atribución de sentido se dio sola, porque hay algo que se conecta, en mi alma.

Por último el tercer estado es cuando uno ya está más allá del sentido, más allá de la comprensión. Es la iluminación. Es la conexión con el todo. Es el despertar de la consciencia. Es la búsqueda de cualquier religión. Es la trascendencia misma. De este, de este mucho no puedo decir.

 

 

 

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La terapia no es sólo para locos

Publicado: agosto 17, 2013 de Rodolfo Falcón en Salud
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Últimamente han llegado a mi consulta varias personas que me cuentan que siempre vieron a la psicología de lejos. Que la terapia no era algo en lo que ellos confiaban y que, de alguna manera, les parecía una disciplina inútil, o, en todo caso, para patologías graves y diferentes, como la psicosis, o los trastornos muy evidentes de la personalidad.

Paradojicamente con esas personas generalmente se genera un muy buen vínculo y tienen una buena predisposición a trabajar con ellos mismos.
Tal vez tenga que ver con una identificación, ya que yo soy un poco “antiterapia”, o al menos, no termino de ser partidario del “Todos deberían hacer terapia“.
Mi idea es que para llegar a una terapia, uno tiene que haber intentado mucho, y tiene que haber no conseguido lo suficiente, te tiene que molestar visceralmente.. Obviamente, no puedo decidir quién sí y quién no, porque eso sería arrogancia, pero en mi fuero interno, en lo profundo de mi, considero la terapia como un espacio de verdadera búsqueda interna, de un profundo intento de re conexión, un lugar donde uno viene a trabajar con su sufrimiento.

Básicamente un psicólogo es una persona que trabaja con el sufrimiento, no con el dolor físico, sino con el sufrimiento psicológico, o espiritual que una persona pueda llegar a tener. Trabajar con el sufrimiento es una puerta, una posibilidad y el terapeuta puede tomar un lugar pseudo arrogante, en donde se sitúa como salvador, o puede tomar un lugar empático. Resonar con la persona, para poder comprender su dolor, y a la vez poder tomar distancia para poder operar con ese dolor. Es un honor y un arte, porque el avance debe ser con el cuidado suficiente para no generar más dolor.

 

Ver que una persona empieza a tener una actitud diferente en su vida y que uno tuvo algo que ver en  eso es algo que le da sentido a la labor, además de que hace sentir muy bien (más allá de la intención de ciertas tendencias de la psicología a que el terapeuta se transforme en un ente indolente). De la misma manera que a veces es un poco frustrante el ver que la situación no avanza hacia ningún lado. En estas situaciones es, por un lado, donde más se aprende, pero por otro, es el momento indicado para pensar que la otra persona está haciendo, también, lo que ella se permite hacer y a veces, ese pequeño paso (para nosotros) es para ella el paso necesario, el suficiente.

La terapia no es la solución a todo, ni tampoco la única opción. Es un espacio para los que se comprometen con su destino, los que sí buscan modificar algo.
Mi idea no es motivarte a que hagas terapia, mi idea es motivarte a que realmente quieras cambiar algo en tu vida. Si ese es el caso, entonces la terapia es una de las opciones más interesantes. No es para locos, no es para desesperados, es, simplemente para el que intenta hacer algo con su sufrimiento, para el que reconoce que estar bien es SU RESPONSABILIDAD.

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