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Las etiquetas psiquiátricas.

Publicado: mayo 12, 2014 de conzeta en Salud
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chico con una etiqueta en el pechoTal vez un poco alimentado por los mismos profesionales; seguramente también por los estudiantes, en los aspectos psicológicos, como en ninguna otra disciplina relacionada con la salud, a los argentinos al menos, nos gusta diagnosticar. Todo el mundo dice sin miedo a equivocarse que una persona ES un neurótico obsesivo, o panicoso, o celoso.
Con facilidad y presteza definimos “eso es un TOC”; o “típico de neurótico obsesivo” o “claramente sos una histérica…” Estos y otros epítetos son moneda común.
Aún sin la intención se producen, por medio de esta práctica, dos efectos contraproducentes.* Por un lado la banalización de la profesión. Ya lo dijo Freud en un artículo que tituló “el psicoanálisis silvestre” pero que cuenta para cualquier disciplina psicológica; y es que, el diagnóstico fuera del dispositivo terapéutico está contraindicado. No es ético, ni profesional. Uno puede suponer algo, pero la evaluación diagnóstica se hace a través del dispositivo. De la misma manera un médico necesita revisar a su paciente y a veces hacerle estudios para poder determinar con precisión qué lo aqueja. Además, existe una diferencia radical con patologías diagnosticadas por otras ramas de la salud y tiene que ver con que, en las otras, suele haber datos concretos de la afección: una muela cariada, una herida en un tejido, un nivel alto de azúcar, etc. Y si bien hay cierta aleatoriedad con respecto a ciertos valores “normales”, por lo general los datos para determinarla son precisos.
En la psicología hay intentos de cuantificar, de definir criterios de diagnósticos. Pero no existe tal precisión y cuando existe esta basada en criterios que algunas veces son culturales. En psicología depende de un criterio aunado de especialistas que evalúan si un comportamiento corresponde a una disposición normal del ánimo o a una alteración y esto muchas veces no tiene una correlación concreta y definida. El año pasado se estableció que una determinada cantidad de berrinches en un bebé era signo de patología, o si una persona se saca tres fotos al día a si mismo tiene una patología llamada “selfies”. Estas son algunas de las nuevas categorías que los “especialistas” determinan.

* Por otro lado, el efecto de las “etiquetas” es bastante duro con las personas. Tal vez por una confusión del lenguaje. Cuando uno tiene una gastroenterocolitis no se le dice “sos un gastroenterocolítico”; sin embargo con ciertas patologías se usa la palabra “ser”. Sos diabético, por ejemplo, en vez de decir: Te está funcionando mal el pancreas o tenés diabetes. Con las patologías psicológicas esto también se manifiesta de esa manera. Hay algunas excepciones como los ataques de pánico en donde se suele decir “tengo ataques de pánico”, pero por lo general se utiliza el “soy X cosa” soy obsesivo, histérico, fóbico, compulsivo, adicto, psicótico, TDAH, etc. Cuando uno habla de “ser”, habla de una realidad por antonomasia, de una condición intrínseca incapaz de cambiarse, habla, en definitiva, de una esencia. Si soy, entonces esa es una cualidad de mi persona, y si yo cambiara eso, también cambiaría de ser quien soy, por lo tanto la resistencia al cambio es mucho mayor. Si en cambio pensamos que en vez de ser celosos, tenemos celos, y transitamos épocas donde estamos más inseguros, entonces podemos llegar a pensar en la posibilidad de dejar de tenerlos sin que por ello se ponga en peligro nuestra identidad. Cuando hablamos de esencias, automaticamente creemos que no hay posibilidad de cambiarlo. Si pensaramos en un caracter transtivo, en algo que se sostiene o que se transita, entonces la posibilidad de largarlo es mucho más factible.
Cuando un grupo, un sistema, una familia, una organización se refiere a una persona a través de una etiqueta, inflige en la persona una identificación. Si además esta acuerda (que es lo que sucede la mayor parte de las veces) con el grupo, entonces se aferra a dicho comportamiento que la lleva a sufrir (comportamientos celosos, por ejemplo). Las etiquetas mal puestas dañan a quienes las llevan.

hombre con lupaPor ello creo que es muy importante tener cuidado con estas terminologías y diagnósticos. El diagnóstico debería ser usado como un marco de referencia para comprender las actitudes y los comportamientos de una persona, pero no para juzgar su condición esencial. Debería servir a los terapeutas como guía en el proceso de curación, pero no para utilizarse fuera de los dispositivos terapéuticos generando más confusión de la necesaria.
Por otro lado hay que entender que el desarrollo de estas etiquetas son convenciones entre los científicos y es fundamental ver la sintomatología contextualizada. Últimamente hay mayor cantidad de “patologías” clasificadas, por ejemplo el “Trastorno de Desregulación Disruptiva del Estado de Ánimo (DMDD) que refiere a los berrinches y rabietas presentados por niños (tres a la semana) durante un año. Pero sobre todo tomar entre pinzas las clasificaciones que se nos hace. Nadie es un trastorno de atención deficiente, por ejemplo, uno puede tener mayor o menor capacidad para atender, dependiendo de ciertas condiciones fisicas, psiquicas, culturales, sociales, etc; pero nadie ES un trastorno.

Lic. Rodolfo Falcón
Lic Rodolfo Falcon.  M.N. 40467
 
Mi nombre es Rodolfo Falcón, soy psicólogo y trabajo en Capital Federal, Caballito. Administro esta página web, así que espero que estés disfrutando tu estadía y que sigas visitando este portal asiduamente. Podés visitar mi página de facebook, hacerte fan y tener una comunicación más fluida conmigo, haciéndome consultas, o podés suscribirte por email para enterarte en tu casilla, del resumen.